CONSEJOS DE SALUD

Parkinson

Considerada dentro de la neurología como una enfermedad degenerativa

En un día como hoy de 1755 nacía en Gran Bretaña quien 62 años más tarde, en 1817, describiría uno de las enfermedades neurológicas más clásicas y enigmáticas. Ese mismo año sería publicada en formato de monografía: “An essay of the shaking palsy, by James Parkinson”, “un ensayo sobre la parálisis agitante, por James Parkinson”, descripción celosa y detallada de una enfermedad hasta el momento no tenida en cuenta como entidad en sí misma. Casi doscientos años han pasado desde esta primera introducción al mundo científico de la parálisis agitante (así denominó Parkinson a la enfermedad que estaba presentando y que llevaría su nombre) y aún hoy, con algunas modificaciones, esta primera descripción de la misma ha sufrido, en su esencia, pequeños cambios.

Llamaron la atención a Parkinson algunas características que dejó claras en su monografía: temblor involuntario, principalmente cuando las manos o pies estaban en reposo, y una marcha característica de pequeños pasos, casi sin despegar los pies del suelo. Él abrió la puerta, escribió la primera página. Puso la enfermedad a merced de la ciencia.

Ciento noventa y siete años de historia y evolución científica han pasado. Ciento noventa y siete años de permanente avance de investigación básica, anatómica, farmacológica, radiológica y clínica que han llenado los libros de la materia con muchísima información útil para su diagnóstico, tratamiento y conocimiento pronóstico, aunque aún falta mucho por conocer.

La Enfermedad de Parkinson (EP) está considerada dentro de la neurología como una enfermedad degenerativa. Su evolución es inexorable una vez iniciada, y lleva al paciente en forma progresiva a un estado de dependencia y discapacidad de grado variable. La EP no se comporta de igual forma en todos los pacientes. Algunos de ellos conviven con la misma llevando una vida totalmente normal y otros sufren un grave deterioro clínico que lleva a postración en el curso de años.

Por lo general, el paciente nota como primer síntoma temblor - muy leve - en uno de sus brazos, habitualmente mientras está en reposo. A veces es tan leve que es la familia o son los amigos quienes detectan el síntoma. Este temblor se ha relacionado históricamente en forma directa con la enfermedad, a tal punto que se representa en el imaginario popular como el síntoma guía, aunque esto no es tan real. Lo más característico de la enfermedad es la lentitud para realizar cualquier actividad y la pérdida global de movimientos (en cuanto a cantidad y calidad). Tal es así, que el temblor puede incluso no estar presente en el curso de la enfermedad. El paciente se encuentra lento para caminar, vestirse, bañarse, comer, tragar saliva, o inclusive modificar su expresión facial o pestañar (se dice que el paciente tiene cara de póker) A esto se van agregando paulatinamente otros síntomas, como inestabilidad postural, o rigidez (el paciente se queja de dureza) en los miembros (brazos y piernas), y en el resto del cuerpo. La flexión del tronco hacia adelante es algo notorio, y puede leerse en aquella célebre monografía de 1817.

Si bien es típico que se reconozca la enfermedad por sus síntomas puramente motores, que mencionamos en el párrafo precedente, existen muchos otros síntomas que el paciente puede asociar o no a su enfermedad, y que en muchos caso preceden en años a la misma: por ejemplo pérdida de olfato o gusto a las comidas, o dolores inespecíficos de hombro o piernas. A veces la queja es una calambre en la pierna (en rigor de la ciencia estos no son calambres, sino lo que en neurología llamamos distonías).

Por regla general, la enfermedad de Parkinson evoluciona lentamente, tanto así que en los primeros cinco años de enfermedad no hay grandes cambios respecto de su sintomatología y la medicación responde a las exigencias de médicos y pacientes muy bien, sin complicaciones relacionadas a la misma. Pasada esta primera luna de miel, se ingresa en un devenir variable de complicaciones y progresivos déficits que cada paciente manifestará en mayor o menor medida.

¿Por qué se produce y cómo se trata?
Se descubrió que una parte del cerebro, llamada sustancia nigra por su color en los preparados anatómicos, se encontraba disminuida en proporción a otros preparados de cerebros de pacientes que no padecían la enfermedad, este hecho fue asociado inmediatamente como causa de la afección. La sustancia nigra es una zona con alto contenido de un neurotransmisor, la dopamina, que falta en pacientes con Enfermedad de Parkinson (esta relación entre el defecto de dopamina y los síntomas de la enfermedad fue descubierta en 1960). Fue Frederick H. Lewy quien, en la primera mitad del siglo 20, descubrió y describió unas proteínas que precipitaban en las neuronas de la sustancia nigra y producían a posteriori su muerte. Esto comenzó a responder el porqué de la desaparición de neuronas de la sustancia nigra y a explicare en última instancia la génesis de la dolencia. Estas proteínas precipitadas, llamados cuerpos de Lewy, son comunes a otras enfermedades que comparten rasgos clínicos y patológicos con la Enfermedad de Parkinson.

1961 fue un año que revolucionó esta entidad, la neurología y la medicina en general, pues fue el año en que comenzó a utilizarse por primera vez levodopa (un precursor de la dopamina) en pacientes con enfermedad de Parkinson, con resultados muy alentadores para médicos, pacientes y familiares; pero fue recién a fines de los ’70, con ciertas modificaciones en cuanto a su administración y el agregado de otras sustancias que mejoraban su disponibilidad en el organismo, que los resultados pasaron de ser alentadores a satisfactorios. En los primeros años de la década del ’70 aparecen otro tipo de fármacos, llamados en conjunto agonistas doparminérgicos, que si bien proponen un mejor perfil en cuanto a tolerancia y reacciones adversas a largo plazo, no han logrado desplazar a la levodopa de su puesto en el podio en lo que a alivio de síntomas discapacitantes se refiere.

Si bien la enfermedad no tiene cura, hoy por hoy las opciones farmacológicas y neuroquirúrgicas (estimulación cerebral profunda) son amplias. El médico neurólogo deberá hacer uso de su mejor criterio y en conjunto con su paciente y colegas ensayar los mejores tratamientos disponibles, que se adapten lo mejor posible cada caso en particular. No hay recetas estándares. Hay recomendaciones. El manejo terapéutico farmacológico en la mayoría de los casos tiene tintes artesanales.

Si bien se ha avanzado enormemente desde la primera descripción por James Parkinson de la enfermedad, quedan todavía muchas preguntas por responder, y la exhaustiva búsqueda de respuestas a las preguntas de siempre aún no ha terminado.

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