CONSEJOS DE SALUD

¿Qué es un accidente cerebrovascular?

Por Dr. Martín, Juan José Servicio de Neurología

A quiénes puede afectar, edad, género y los síntomas más frecuentes.

 

¿Qué es un accidente cerebrovascular?

En la actualidad preferimos hablar de “ataque” cerebro-vascular más que de “accidente”, ya que queremos hacer énfasis en la importancia que tiene la prevención en esta altamente incapacitante patología.
La definición vigente de ataque cerebro-vascular es: síndrome clínico, caracterizado por su desarrollo rápido, presentando signos o síntomas neurológicos focales, (a veces globales: coma) de pérdida de función, durando más de 24 hs. sin otra causa aparente que el origen vascular.
La nueva definición propuesta para ataque isquémico transitorio (AIT) es “un episodio de disfunción neurológica breve causado por una alteración isquémica focal del cerebro o retina, con síntomas clínicos típicamente de duración menor de 1 hora, sin evidencia de infarto”.
Es importante reconocer y actuar rápidamente ante un AIT, ya que son importantes determinantes de ACV, con un riesgo de infarto cerebral a 90 días reportado tan alto como el 10.5%, siendo el riesgo más alto de ACV en la primer semana.

¿A quiénes puede afectar? ¿Edad? ¿Género?

La enfermedad cerebro-vascular isquémica, conocida como “ataque” cerebro-vascular, ictus, stroke o ACV, es la tercera causa de muerte y la primera de discapacidad permanente en Argentina. Tiene una incidencia cercana a 126000 casos al año en nuestro país, ocurriendo un ataque cerebro-vascular cada cuatro minutos.
Pero el impacto no se limita a la salud. También afecta gravemente a la economía de los países. Lo hace directamente por el costo que le genera al sistema de salud, e indirectamente por el lucro cesante, es decir por la pérdida de productividad de las personas que lo sufren.
30000 a 60000 mil personas morirán en el primer mes de sufrido un ataque cerebro-vascular en Argentina.
A pesar de lo grave de esta situación, es habitual la pasividad del paciente y hasta del médico, quienes se comportan como meros espectadores. Esto motiva múltiples estrategias para incluir a esta enfermedad dentro de las emergencias médicas.
Si se previnieran más ataques cerebrales, no solo se evitarían muertes innecesarias sino que disminuiría el impacto económico que genera a la sociedad.

¿Cuáles son los síntomas?

Debemos hacer hincapié en que conocer los síntomas del ataque cerebral resulta fundamental para implementar el tratamiento adecuado el cual sólo funcionan si son aplicados dentro de las primeras horas.
Los síntomas más frecuentes son:
  • Falta de sensación, debilidad o parálisis repentinas en la cara, el brazo o la pierna,especialmente en un lado del cuerpo. Se trata del síntoma más frecuente
  • Confusión súbita, problemas repentinos para hablar o entender.
  • Problemas repentinos para ver con uno o los dos ojos.
  • Dificultades para caminar, mareo, vértigo, pérdida del equilibrio o falta de coordinación.
  • Dolor de cabeza súbito y de máxima intensidad, sin causa aparente.

¿Cuáles son las consecuencias posibles del accidente? ¿En qué consiste el tratamiento?

Para el manejo de la enfermedad cerebro-vascular isquémica se ha demostrado la supremacía de las Unidades de Ataque Cerebro-Vascular o de los Equipos de Manejo de ACV. Estos consisten en un grupo interdisciplinario de trabajo, en el que interaccionan neurólogos, neurocirujanos, terapistas ocupacionales, neurorehabilitadores kinésicos y fonoaudiológicos, neuropsicólogos, enfermeros, clínicos con orientación a neurointensivismo, cirujano vascular, neurointervencionistas, cardiólogos, experto en neuroimágenes. Todos en una infraestructura adecuada, con guardia de 24 hs. en todas las especialidades mencionadas, ya que cada minuto cuenta al momento de intentar evitar que la zona del cerebro con baja circulación (penumbra – tejido recuperable) se transforme en infarto (tejido irrecuperable).

El paciente que ingresa con un supuesto ACV es internado y sometido a una serie de estudios de rutina. El objetivo primario es el re-establecimiento del flujo cerebro-vascular por recanalización en aquellos pacientes que reúnen los criterios de fibrinólisis (disolución del coágulo que obstruye la arteria), y la prevención secundaria precoz, para evitar que se repita el episodio. Para ello es importante el correcto diagnóstico no sólo topográfico sino etiológico del ACV.

En el Congreso Europeo de Neurología en Septiembre de este año, la Unidad de Ataque Cerebro-Vascular del Sanatorio Allende presentó en conjunto con otras 3 Unidades de ACV del país, su experiencia en el manejo con trombolíticos de los pacientes con ACV. Como conclusión de ese estudio, se evidenció el beneficio significativo en la evolución de los pacientes tratados con fibrinolíticos, comparando su estado al ingreso con el de su egreso. Así mismo, fue notable la reducción en los tiempos de internación de estos pacientes.
El pronóstico de la Enfermedad Cerebro-Vascular depende no sólo de la extensión y localización de la isquemia, sino del tiempo que se empleó en el manejo inicial. Los casos fatales suman el 12% a 7 días, por daño cerebral directo; 19% a 30 días por causas cardiovasculares; 31% al año, también por causas cardiovasculares. La presencia de hemorragia implica peor pronóstico. Sólo el 50% de los que sufren el primer episodio es independiente al primer año luego del infarto cerebral. La recurrencia es del 16% en el primer año, luego 5% por año.

¿Cómo lo podemos prevenir?

La presión arterial normal que debemos tener es menor los valores de 120 de máxima y 80 mmHg de mínima. De un total de personas Hipertensas existe un gran porcentaje que no lo saben por lo cual están expuestos al riesgo de presentar complicaciones inducidas por esta enfermedad, ataque cerebral, infartos agudos de miocardio, entre otros.
Si la presión arterial se mantiene dentro de valores normales, podemos disminuir el riesgo de un ataque cerebral en un 30% a 40%. Las claves para lograrlo son: Actividad física aeróbica regular, consumo de alcohol limitado, alimentación que incluya frutas, lácteos y verduras, control del peso corporal. La medicación antihipertensiva nunca debe suspenderse si no es bajo indicación médica. Tampoco disminuir la dosis, por más que la presión se haya normalizado.
Las personas que fuman tienen 4 veces (400%) más riesgo de sufrir un ataque cerebral que aquellas que no fuman. Cinco años luego de haber dejado de fumar, comienza a disminuir el riesgo. Es muy importante el cese absoluto del consumo de tabaco.
Actualmente el valor normal de glucemia en ayunas es menor a 100 mg/dl, valores mayores a 100 y hasta 125mg/dl de glucemia en ayuno se consideran pre-diabetes y deben repetir otro laboratorio para confirmar dicho valor, en caso positivo las personas con pre-diabetes se encuentran con un factor de riesgo para enfermedades cerebrovasculares.
La diabetes se define como glucosa en ayunas (azúcar en la sangre) mayor de 126 mg/dl o mayor de 200 mg/dl cuando no es en ayunas. Los valores deben confirmarse dos veces. La diabetes aumenta seis veces el riesgo de sufrir un ataque cerebral en hombres y 13 veces en mujeres.
Las personas que se controlan responsablemente los niveles de azúcar en sangre logran disminuir el riesgo de sufrir un ataque cerebral. Entre otras medidas, es muy importante el control de la presión arterial y hacer ejercicio. Algunas personas deben usar medicamentos como insulina e hipoglucemiantes orales para controlar sus niveles de glucosa en sangre.
El sedentarismo es otro factor de riesgo que puede evitarse. Las personas sedentarias tienen un riesgo 20% a 30% mayor que aquellas que hacen deporte regularmente. Para no ser sedentarios debemos hacer alguna actividad física aeróbica (caminar, correr, bicicleta, natación, etc.) más de 30 minutos, al menos 3 veces por semana. Al hacer ejercicio aeróbico, baja la presión arterial, mejora el control de la glucemia en diabéticos, se reduce el peso en obesos, entre otros beneficios.
El colesterol elevado es un factor de riesgo para el ataque cerebral. Es de destacar que se debe hacer un perfil lipídico con ayuna de 12 horas previo a la extracción sanguínea, para evitar falsos resultados.
La obesidad es otro importante factor de riesgo. Más que el peso, lo que importa es el diámetro abdominal, que debe ser medido a la altura del ombligo como muestra el dibujo. En mujeres debe ser menor de 80 cm, mientras que en hombres debe ser menor de 90 cm, según las últimas normativas de la Federación Internacional de Diabetes.
La importancia del diámetro abdominal radica en que la grasa abdominal contiene factores inflamatorios que favorecen la formación de placas de colesterol en las paredes de las arterias.
Tomar alcohol en forma moderada protege contra las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, el riesgo de sufrir un ataque cerebral aumenta en personas que consumen alcohol en exceso. En los hombres se aceptan 2 tragos por día y mientras que en las mujeres el límite es 1 trago. Un trago equivale a 1 lata de cerveza, 1 vaso de vino o 1 medida de licor o whisky.
La fibrilación auricular es una arritmia cardíaca que es responsable de una gran cantidad de ataques cerebrales en mayores de 60 años. Forma coágulos en el corazón que viajan hasta el cerebro, tapan arterias y finalmente producen un infarto. En algunas ocasiones es necesario tratarla con anticoagulantes orales (drogas que licuan la sangre para que no formen coágulos), mientras que en otros casos, con la aspirina es suficiente.
El consumo de tóxicos, de drogas ilícitas se encuentra asociado con mayor frecuencia en los pacientes jóvenes que sufrieron un ataque cerebrovascular.
Los factores de riesgo no tratables son aquellos sobre los que no podemos intervenir médicamente, y por lo tanto solo nos sirve conocerlos, saber que están y que agregan riesgo.
Entre ellos podemos nombrar al antecedente familiar de ataques cerebrales, el sexo masculino, la edad y el haber sufrido en el pasado un ataque cerebral. Investigaciones recientes han demostrado que aquellas personas que nunca han tenido síntomas compatibles con un ataque cerebral pero que tienen lesiones cerebrales isquémicas (infartos cerebrales) en la tomografía o resonancia, tienen un mayor riesgo de sufrir un ataque cerebral. Para decirlo más claramente, si una persona se hace una resonancia por cualquier motivo y en ella se ven lesiones que aparentan ser infartos cerebrales que no han producido síntomas (silentes o encubiertos), estas lesiones deben ser consideradas como un marcador de riesgo.
Los factores de riesgo determinan que una persona haga un ataque cerebral el cual se manifiesta por síntomas y signos.

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