CONSEJOS DE SALUD

Cómo evitar el síndrome de la clase turista

Permanecer quieto durante varias horas en viajes de larga distancia puede implicar riesgos. Uno de ellos es la trombosis venosa. Te contamos a qué señales prestarles atención y cómo tratarla.

Con la llegada del verano y de las vacaciones es frecuente la planificación de viajes, algunos de ellos de larga distancia, lo cual implica que nos mantengamos con poco movimiento por un tiempo prologando. Esto puede provocar la formación de un coágulo dentro de una vena, denominado trombosis venosa y que, si bien puede afectar a cualquier parte del cuerpo, frecuentemente ocurre en los miembros inferiores. Esta afección es conocida como síndrome de clase turista o trombosis del viajero.


Permanecer sentados en vuelos que superan las 4 horas o viajar más de 6 horas en auto o colectivo resulta tiempo suficiente para que nuestra circulación comience a sufrir alteraciones que pueden predisponer una trombosis.

Mantenerse en una misma posición, la escasa movilidad, la baja presión atmosférica y la disminución de la velocidad circulatoria provocan, conjuntamente, una mayor adherencia de los glóbulos rojos, principalmente en las pantorrillas, debido a la flexión de las piernas durante tantas horas, situación que podría desencadenar la formación de coágulos. Si bien el permanecer con las rodillas flexionadas perjudica la circulación venosa, el riesgo de que se forme un coágulo resulta relativamente bajo.

El riesgo de trombosis dependerá de la duración del viaje y de la presencia de otros factores asociados, tales como insuficiencia cardíaca, obesidad, trombofilia, várices, antecedentes de trombosis venosa previa, tabaquismo, o una intervención quirúrgica que no supere los 30 días, por ejemplo. Además, existen alteraciones de la coagulación que pueden ser hereditarias o adquiridas, las cuales favorecen el desarrollo de las trombosis. Para la detección de dichas alteraciones se requieren estudios especializados y de alta complejidad.

Actualmente, esta enfermedad es considerada una afección cuya causa es multifactorial. La mayoría de las personas que presentan un cuadro de trombosis vinculadas a los viajes tienen al menos otro factor de riesgo presente que aumenta la probabilidad de que ésta se produzca. 


Los síntomas más comunes se presentan en extremidades y pueden iniciarse bruscamente, progresar día a día, o aparecer horas después de un viaje extenso. Se caracterizan por dolor (generalmente con origen en la pantorrilla), hinchazón que no cede con el reposo, sensación de calor en la zona afectada, cambio en el color de la pierna o evidente enrojecimiento, y calambres. 

Para evitar esta situación, es importante pararse y caminar cada 2 ó 3 horas, extender y flexionar las piernas, movilizar brazos, rotar hombros, y mover pies y tobillos de forma repetida. 

Asimismo, vestir ropa y calzado cómodos, evitando las prendas ajustadas que disminuyen el retorno venoso de las extremidades, resulta un punto a considerar. En las personas que sufren várices, se recomienda utilizar medias de elastocompresión. Otras medidas generales para viajes prolongados son ingerir abundante agua (no alcohol), no cruzar las piernas al sentarse, y no permanecer en la misma posición durante largos períodos. 




Existe la creencia generalizada que tomar aspirina o aspirineta de forma previa a un viaje disminuye el riesgo de trombosis. Esto no es así, ya que está demostrado que la aspirina no juega un rol en la prevención de la trombosis venosa. En el caso que se consuma aspirina por otra patología, como enfermedad coronaria, por ejemplo, no debe suspenderse dicha medicación para un viaje ni tampoco dejar de realizar los consejos previamente referidos indicados. 


Otras causas, la misma afección 
Además de los viajes, existen otras circunstancias que pueden provocar que la circulación de la sangre se vuelva más lenta, como inmovilizaciones prolongadas, la utilización de férula o yeso, cirugías (principalmente las de cadera y rodilla) o tumores. Del mismo modo, algunos medicamentos favorecen las trombosis. Es el caso de los estrógenos que se utilizan en los anticonceptivos orales o en las terapias de reemplazo hormonal, los cuales “hiperestimulan” al sistema de coagulación. Si el médico ginecólogo prescribe medicamentos con estrógenos, ya sea como método anticonceptivo o por otra situación clínica, es importante informar la presencia de várices, si algún miembro directo de la familia presentó trombosis o si existieron episodios previos de esta enfermedad, ya que en ese caso no sería la medicación más apropiada. 

La gravedad de esta enfermedad se incrementa cuando se produce el desprendimiento de una porción del coágulo, el cual viaja por el torrente sanguíneo hasta impactar en una vena de menor calibre que el diámetro que éste tiene, produciéndose una embolia. Habitualmente, sucede en los pulmones causando falta de aire, dolor torácico, (principalmente a los costados), palpitaciones y hasta síntomas más severos como tensión arterial baja o síncope. Frente a estos síntomas, es importante una consulta de forma urgente al Servicio de Guardia del centro de salud más cercano.  

Considerando las dificultades asociadas a esta enfermedad, el diagnóstico temprano y preciso resulta de gran importancia.

¿Cómo tratar la trombosis venosa? 
El tratamiento de esta enfermedad se basa en la utilización de anticoagulantes con el objetivo de intentar disolver el coágulo formado y evitar que la trombosis se extienda o progrese. En los últimos cinco años se han desarrollado nuevos anticoagulantes, denominados directos, los cuales facilitaron el tratamiento de esta enfermedad al no requerir una monitorización tan frecuente como lo obligaban los anticoagulantes tradicionales o cumarínicos. Actualmente, existen diferentes tipos de anticoagulantes que pueden adaptarse a cada paciente, pese a existir situaciones concretas en las que se recomienda un tipo de anticoagulante frente a otro. El Servicio de Hematología de Sanatorio Allende cuenta con médicos especializados en la detección y tratamiento de la trombosis venosa y de la hemostasia, adaptando cada abordaje de forma particular.

 Lo más importante de esta enfermedad es la prevención: la medida más significativa para protegerse de ella es conocer los factores predisponentes y los síntomas para saber si nos encontramos en riesgo.

#ConsejoDeSalud: si decidiste viajar y previamente presentaste un coagulo, si algún familiar tiene antecedentes de ellos o trastornos de la coagulación hereditaria, o si estás tomando anticoagulantes, es importante realizar una consulta previa al médico.

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