CONSEJOS DE SALUD

El Reuma ¿existe?

Se conocen más de 200 enfermedades reumáticas que deben ser diagnosticadas y tratadas por un reumatólogo, pero ¿alguna de ellas recibe el nombre de Reuma?

Como disciplina que forma parte de la clínica médica, la reumatología se ocupa de las enfermedades del tejido colágeno y de las articulaciones. El colágeno es el tejido que va formando todo nuestro cuerpo y que, con el desarrollo de las distintas etapas del embarazo (embrión y luego feto), se va diferenciando, convirtiéndose en los distintos órganos, tales como pulmón, corazón, articulaciones, cerebro, piel, etc. Por esta razón las enfermedades articulares, también denominadas enfermedades sistémicas, no sólo afectan a las articulaciones sino a cualquiera de estos órganos. Es por ello que la Reumatología es una especialidad que necesita de otras especialidades médicas para poder actuar en conjunto y contar con todos los elementos de diagnóstico necesarios.

¿Cuántas veces oímos a un familiar o amigo decir “tengo reuma”? El concepto de "reuma" no existe como tal, no se contempla en los libros de medicina, es decir, no existe ninguna enfermedad o dolencia del aparato locomotor que reciba el nombre de "reuma". La sociedad ha agrupado bajo este nombre a todo el conjunto de dolencias o molestias relacionadas con el aparato locomotor, quizá como consecuencia del desconocimiento de su distinta naturaleza y la creencia en una causa común para todas ellas. Lo correcto es hablar de enfermedades reumáticas y no de “reuma” o “reumatismo”. Estas enfermedades son aquellas que afectan a huesos, articulaciones, músculos, tendones y ligamentos, es decir, al aparato locomotor. De manera didáctica, es posible dividir las enfermedades reumáticas en cuatro grupos:

• Degenerativas: afectan al cartílago articular. Es el caso, por ejemplo, de la artrosis.
• Metabólicas: inciden en las articulaciones y en otros órganos, tales como gota, diabetes y osteoporosis. 
• Infecciosas: provocadas por bacterias, virus o parásitos, y afectando las articulaciones. 
• Inflamatorias: son las más importantes, ya que afectan a personas jóvenes (sobre todo a mujeres), comprometiendo órganos vitales que ponen en riesgo la vida. Es decir, no sólo actúan sobre las articulaciones, sino también sobre el corazón, riñones, cerebro, pulmón, y vasos sanguíneos.

Los dolores articulares y el cambio de estación.
Es una creencia popular que los cambios estacionales pueden inducir a dolores articulares. Si bien es cierto que muchas personas refieren “dolores de hueso” cuando se produce un aumento de la humedad ambiente, no está probado científicamente que el frío y la humedad empeoren por sí mismos los síntomas de las enfermedades articulares. Lo que sí es cierto es que la presión atmosférica juega un rol importante despertando dolor en los momentos previos o posteriores a temporales de lluvia. Al parecer, los huesos tendrían algún receptor barométrico aún no descubierto.

La presión atmosférica es el peso que ejerce el aire de la atmósfera. Dicha presión puede variar y es inversamente proporcional al nivel de humedad del ambiente. Es decir, a mayor humedad menor presión. Una menor presión atmosférica genera un aumento de la presión compensatoria en las articulaciones, el cual irrita los tejidos blandos de la cavidad articular. Si esta última se encuentra con daños previos, como por ejemplo artrosis, se produce una inflamación que incrementa la sensación de dolor.

Si bien ciertos factores, tales como el estrés, el ejercicio físico, la alimentación o el cigarrillo pueden tener cierta incidencia en las enfermedades reumáticas, ya que las mismas surgen como consecuencia de diversas situaciones, el componente más importante es la actuación de estos factores en un terreno genéticamente predispuesto.

Ya sea para evitar el daño de estructuras articulares irreversibles o para mejorar síntomas de enfermedades reumáticas ya diagnosticadas, es importante la consulta médica temprana y el tratamiento precoz.

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