CONSEJOS DE SALUD

La actividad física en pacientes con Fibromialgia

Los programas de ejercicios físicos son una de las mejores herramientas no farmacológicas que permiten reducir y mejorar los aspectos característicos de la Fibromialgia y sus síntomas asociados.

Calificada por algunos profesionales como el “síndrome del dolor” y mencionado por otros como un “trastorno incomprendido”, la Fibromialgia se define como una condición crónica que provoca dolores musculares generalizados y cuyos síntomas característicos incluyen fatiga, rigidez en las articulaciones, perturbación del estado de ánimo, dificultades para dormir y trastornos cognitivos, entre otros. El dolor crónico y difuso es el síntoma más característico de la Fibromialgia, definido por muchos pacientes como una “quemazón” en los músculos. Estos dolores pueden intensificarse por factores ambientales o emocionales, tales como ansiedad o estrés. Además, existen “puntos sensibles”, generalmente en áreas cervicales y lumbares, hombros y caderas, en los cuales el dolor se incrementa.

La Fibromialgia (FM) plantea a la medicina diversos interrogantes. Existen numerosos estudios clínicos que postulan diferentes teorías con respecto a las causas y síntomas de esta enfermedad, generando controversias en cuanto a si se trata de una patología de origen cerebral o del sistema periférico. Pese a las diferentes presunciones existentes, lo que sí ha quedado demostrado es que los tratamientos en los cuales se fomenta un programa de actividad física evidencian una disminución de los síntomas provocados por la Fibromialgia, mejorando la calidad de vida del paciente.

Es importante aclarar que antes de comenzar un programa de ejercicio físico el paciente debe haber mejorado sus síntomas de dolor y fatiga a través de un tratamiento médico. La actividad física debe ser incluida de forma sistémica como parte constitutiva del tratamiento y como una herramienta útil que permite mejorar la calidad de vida.

Ejercicio Físico: efectos y recomendaciones 

Ejercicios aeróbicos: permiten aliviar el dolor de los puntos sensibles y resultan efectivos para el bienestar general del paciente. Los ejercicios aeróbicos de bajo impacto (caminar, por ejemplo) evitan la atrofia muscular, fomentan la circulación y mejoran la resistencia cardiorrespiratoria sin generar un compromiso articular.  

Lo fundamental es comenzar de forma lenta e incrementar la intensidad de los ejercicios de gradualmente. Se recomienda no superar el 60% de la frecuencia cardíaca, realizar la actividad en días alternos y con una duración aproximada de 30 minutos, considerando que puede incrementarse o disminuir de acuerdo a la sintomatología.

Ejercicios de fuerza: posibilitan un aumento de la fuerza máxima y de la capacidad funcional, disminuyendo los efectos de la Fibromialgia a nivel neuromuscular. 

Se indica trabajar con cargas bajas o moderadas (que impliquen entre el 40% y el 70% de la fuerza máxima), progresivas, y realizar muchas repeticiones (entre 15 y 20). No se sugiere un entrenamiento de fuerza a alta intensidad, es decir, basado en pocas repeticiones con cargas elevadas.

Ejercicios de flexibilidad: este tipo de ejercicios, realizados correctamente y mediante estiramientos suaves, alivian la tensión muscular y en algunos casos pueden ayudar al fortalecimiento de los músculos encogidos. 

El estiramiento debe realizarse sin producir dolor (hasta el límite de resistencia del músculo) y mantenerse durante 10 o 20 segundos, previo calentamiento suave.

Ejercicios acuáticos: las actividades físicas en el agua generan una gran adherencia en los pacientes. Es posible realizar en este medio todo tipo de ejercicios, ya sea de flexibilidad, aeróbicos, de resistencia, de fuerza o de relajación. Lo importante es prestar atención a la temperatura del agua, la cual se sugiere a 34º C, ya que el frío empeora los síntomas.

Los ejercicios acuáticos disminuyen el dolor, la rigidez, la fatiga, la cantidad de puntos sensibles, mejoran la calidad del sueño, la vitalidad y la función cognitiva

Puntos importantes
  • Combinar como mínimo 2 actividades por sesión con el objetivo de lograr una rutina multidisciplinaria.  
  • Realizar al menos 2 veces a la semana los ejercicios indicados.  
  • Incrementar la intensidad de los ejercicios de forma progresiva. Se recomienda hacerlo cada 3 meses para evitar el estancamiento en la adaptación fisiológica del paciente. 
  • Adaptar el plan de entrenamiento a cada individuo de acuerdo a su edad, al grado de impacto de la Fibromialgia y a sus preferencias. Si bien los ejercicios grupales fomentan la perseverancia, no es posible indicar un mismo conjunto de ejercicios para todos los pacientes.
Los programas de actividad física permiten reducir y mejorar tanto los aspectos característicos de la Fibromialgia como sus síntomas asociados. El Servicio de Medicina Física de Sanatorio Allende cuenta con un equipo de profesionales capacitados y constantemente actualizados, con los recursos necesarios y con una pileta climatizada para brindar un tratamiento eficaz y completo a quienes padecen esta controvertida patología.

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