Inflamatoria y de origen autoinmune (el sistema inmunitario ataca al mismo organismo), la celiaquía afecta a pacientes genéticamente predispuestos. Su principal desencadenante es la ingesta de determinados alimentos que contienen gluten, como el trigo, avena, cebada, centeno y sus derivados, la famosa sigla conocida como TACC. Ingerirlos provoca una reacción inflamatoria de la mucosa del intestino delgado, atrofiando las vellosidades que lo recubren. Esto hace que el organismo no absorba los nutrientes correctamente y que genere anticuerpos contra el gluten permitiendo diagnosticar esta enfermedad.

Sin embargo, en ocasiones puede ser difícil de determinarla debido a que sus síntomas pueden aparecer en otras patologías, como por ejemplo, el Síndrome del Colon irritable. La sintomatología de la enfermedad celíaca es muy variada y depende de cada paciente. Dolor abdominal, disminución de apetito, diarrea, náuseas y vómitos, pérdidas de peso, anemia, picazón en la piel y aftas bucales son algunos de ellos.

Las causas que generan intolerancia al gluten aún se desconocen, aunque puede atribuirse a factores genéticos, inmunológicos y ambientales. Esto significa que no se trata de una enfermedad congénita ni hereditaria, ya que no se hereda la patología sino el riesgo de padecerla.

Como en la mayoría de las patologías es posible identificar diferentes grupos de riesgo. Los más propensos a padecer la enfermedad celíaca son: los familiares de primer grado de los pacientes con esta enfermedad (padres, hermanos e hijos), Diabetes tipo 1 y aquellas personas con Síndrome Down. En el caso de la mujer embarazada, es necesario que cumpla con la dieta libre de gluten, debido a que la celiaquía no controlada se asocia con riesgos de aborto espontáneos y partos prematuros. El riesgo de que los hijos de padres celíacos tengan esta enfermedad es del 10 por ciento.

La confirmación del diagnóstico se basa en la manifestación clínica, estudios serológicos, endoscopia y una biopsia intestinal. La frecuencia con que se realizan estos estudios varían unos de otros. En el caso de los controles de laboratorio deben realizarse esporádicamente al inicio del diagnóstico, en un principio cada uno o dos meses, después cada sies meses y luego de forma anual. La endoscopia al ser necesaria para el diagnóstico, sólo debe repetirse si el paciente no evoluciona bien a pesar de haber incorporado la dieta libre de gluten. Es a partir de los resultados de estos estudios que la enfermedad celíaca puede ser de distintos tipos:

  • Sintomática o clásica: presentar algunos de los síntomas descriptos anteriormente.
  • Asintomática: son los pacientes que tienen los anticuerpos contra el gluten y la biopsia positiva, pero no manifiestan ningún síntoma.
  • No clásica: no presentan síntomas de malabsorción, sino extradigestivos como migraña, dermatitis, tiroiditis, etc.
  • Subclínica: no manifiesta síntomas, pero las pruebas de laboratorio dan positivas e indican alteraciones.
  • Potencial: son los pacientes que presentan anticuerpos positivos, pero los resultados de la biopsia intestinal son normales.
  • Refractaria: son aquellos pacientes que luego de 12 meses de iniciada la dieta no muestran resultados.

Pese a que por el momento no se conoce un tratamiento farmacológico que permita tratar la celiaquía, es importante que, una vez obtenidos los resultados de los estudios, se consulte con un profesional en nutrición. Realizar una dieta estricta, y libre de gluten (frutas, verduras y carne), ayuda a la recuperación de las vellosidades intestinales, disminuyendo los síntomas y previniendo futuras complicaciones.

Evitar consumir todos aquellos alimentos que contengan gluten, aún en cantidades mínimas, por el resto de la vida se constituye como el único tratamiento. La dieta no cura esta enfermedad sino que permite mejorar la calidad de vida de quien la padece.

 

El paciente que es diagnosticado con la enfermedad celíaca debe tener cuidado a la hora de cocinar sus comidas. Esto se debe a que existe la posibilidad de que los alimentos libres de gluten puedan mezclarse, o bien verse contaminados, con alquellos que si lo contienen. Este proceso se lo conoce como contaminación cruzada, y algunas de las medidas que se recomienda para evitarla son:

  • Manipular los alimentos sin gluten en superficies limpias como bandejas o mesadas.
  • Separar y ubicar los productos sin gluten separados de los que lo contienen, ya sea en alacenas y despensas. En el caso de los alimentos untables (dulces y/o manteca) se aconseja separar aparte ya sea en un plato o en un recipiente más pequeño.
  • Evitar compartir utensillos, repasadores y agarraderas.
  • Utilizar tablar plásticas para picar, debido a que los de superficie porosa (madera), pueden retener partículas de harina y gluten.
  • Preparar los platos sin gluten en primer lugar.
  • Conservar los alimentos en recipientes cerrados herméticamente.
  • No utilizar el mismo medio de cocción para alimentos con y sin gluten.

 

En Sanatorio Allende contamos con un equipo de profesionales que ponen a disposición de sus pacientes una asistencia de calidad ante la manifestación de alguno de los síntomas descriptos en esta nota. Por esta razón, su detección precoz ayuda a implementar una dieta apropiada que permita no sólo mejorar la sintomatología, sino también reducir el riesgo a desarrollar otras patologías asociadas.

Servicio de Gastroenterología, Hepatología y Videoendoscopía de Sanatorio Allende