Existen prácticas y actitudes que el entorno más intimo de la persona puede aplicar favorablemente en pos de ayudar:

Es fundamental el estímulo permanente. Si la persona tiene que hacer todo en base a su esfuerzo pero su entorno más íntimo lo lleva al poco movimiento y a comer más, la dieta difícilmente prospere.
Tratar de no alterar al extremo las prácticas habituales de la familia de manera tal que los cambios terminen siendo un búmeran que dificulten a la persona a seguir se tratamiento. A veces lo ideal es enemigo de lo bueno.

Un “hogar obeso” debe tener en cuenta los siguientes puntos:

  • No estimular las salidas a comer afuera
  • Evitar, o desviar los regalos que tengan que ver con alimentos que engordan
  • Tratar de que en la casa estén las provisiones necesarias para una buena alimentación
  • Tratar de modificar ciertos hábitos familiares en cuanto a la comida, como por ejemplo que siempre haya un centro de mesa con fruta, que siempre haya bebidas light y no con calorías; que haya alternativas a los productos de panificación habituales, que haya productos descremados, leches, quesos; que existan formas sanas de cocción o de condimentación (por ejemplo, que no se condimenten las ensaladas antes de servirse sino que cada uno pueda hacerlo con la proporción de aceite que requiere)
  • A la hora de cocinar, buscar una alternativa a las formas de cocción de alto contenido calórico (optar por cocción al horno antes que frituras).
  • Incentivar a la familia, y en especial al miembro que está tratando de cuidarse, a caminar, a andar en bicicleta, a evitar usar el auto
  • Poner la fruta como una opción anterior a la heladera, a la panera, a la alacena. La idea es que a la persona, si tiene hambre o simplemente ganas de comer, lo primero que le salte a la lista sea una fruta, y no que abra la heladera y encuentre fiambres, manteca y restos de comida.
  • No utilizar con tanta frecuencia servicio de delivery. Es preferible cenar un café con leche con tostadas y no pedir un lomo, pizzas o empanadas. Si eligiera esta última opción, debemos saber ponerle un coto. No pida más comida de lo que pensó consumir. La gente tiende a decir “no lo tires, comételo”. Uno no tiene porqué comerse la comida que los demás no quieren. Si va a pedir, ayude a la persona que está a dieta a pedir dos empanadas, o dos porciones de pizza, y que no coma más que eso. Si uno pide con hambre, pide mucho, y luego termina comiéndose todo, a veces sólo para no tirarlo.

En qué más podemos ayudar desde la familia:

Comer a horario: quienes no estamos a dieta deberíamos acompañar, evitando dos desórdenes muy clásicos en obesidad: comer a toda hora (picoteo), o el comer una o dos veces al día y saltear comidas importantes. Los dos extremos son negativos. Todos los integrantes del círculo familiar deberían ayudar a respetar esos horarios.

Comprar correctamente: es muy importante quién compra la comida. Debe conseguir vegetales, frutas, productos descremados. Si el responsable de las compras llega a casa con fiambres, queso fresco, productos de copetín y golosinas porque a él le gusta eso, este gusto personal termina afectando a toda la familia y especialmente a quien está cursando una dieta restrictiva.

Cuidar la ingesta de calorías líquidas: en esta categoría se destacan el vino, la cerveza y la gaseosa común. Se las llama “calorías vacías” porque engordan sin dar satisfacción ni saciedad. No debemos ni siquiera ofrecerlas, porque a nadie le gusta tomar solo, entonces la persona que está a dieta se ve comprometida a acompañar, y además le gusta. Entonces se juntan dos presiones en paralelo: te gusta lo que te están ofreciendo, y tenés que acompañar a quien te lo ofrece.


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