Permitir que los padres y familiares sean protagonistas de la atención del bebé prematuro, participando de forma activa en todo el proceso de asistencia médica, tanto obstétrica como neonatal en todos los niveles de complejidad, resulta fundamental para el desarrollo y la estimulación temprana del bebé.

“La familia de un recién nacido prematuro tiene pleno derecho a la información y participación en la toma de decisiones sobre su salud a lo largo de toda su atención”.
Así lo establece el derecho número ocho, celebrado este año, del Decálogo creado por UNICEF, cuyo objetivo es reflexionar sobre los aspectos esenciales que deben ser respetados para los bebés prematuros, es decir para aquellos que no lograron completar entre 37 y 41 semanas de gestación.
Si bien esta situación implica mayores cuidados, ya que a la inmadurez propia de todo bebé se suma una gestación que no llegó a su término, el niño no sólo requiere de atención médica y de las decisiones técnicas adecuadas. Diversos estudios demuestran que la asistencia otorgada por los profesionales de la salud no resulta suficiente en estos casos, y la práctica lo confirma aún más.
Es necesario que la familia, y en especial los padres, intervengan de forma activa en el cuidado del bebé. La información, la compañía, el cariño y la contención afectiva no debe ser jamás postergada, relegada o impedida.
 Esto propone e implica un trabajo en equipo entre médicos, enfermeras y entorno familiar. Lo resuelto por los profesionales de la salud no tendrá la misma repercusión si los padres no están debidamente informados. La información brindada a la familia debe ser siempre completa, amplia, comprensible y abarcar todos los aspectos de la situación del bebé.
Existen dos dimensiones de participación en la toma de decisiones. Una de ellas a nivel individual, en la que cada familia debe ser consultada en todo momento para decidir sobre las distintas intervenciones involucradas en la atención del recién nacido, progresos, dificultades y tratamientos. La otra a nivel institucional, la cual consiste en la generación de grupos de padres o familiares con el objetivo de compartir las experiencias. Esto permite descentrarse de los sentimientos propios y ayudar a los demás, mejorando la comunicación y la incertidumbre que conlleva este tipo de internación. Además, estos grupos incentivan una atención más humanizada, centrada en la familia, y asesoran a la institución de salud sobre las necesidades de los pacientes, la organización del cuidado y las reformas estructurales que se requieren para responder a estas demandas.
 
Como padres de un bebé prematuro, incorporar todos los conocimientos posibles sobre sus cuidados permitirá identificar cuáles son las medidas de atención más adecuadas, saber cómo actuar ante potenciales contratiempos, disminuir la ansiedad y angustia, sentirse útiles, mejorar su experiencia durante el período de internación y acompañar a su bebé de una mejor manera. 
Desde Sanatorio Allende apostamos a un equipo de trabajo junto a la familia de los bebés prematuros, sustentado en la humanización del cuidado médico, la comprensión y el acompañamiento continuo durante su permanencia en el Servicio de Neonatología. Te invitamos a compartir la experiencia de esta familia junto a su recién nacido luego de 210 días de internación.
Más que una visita
La familia se constituye en referente constante en la vida de un niño, incluso cuando se encuentra hospitalizado. Por esta razón, ambos padres deben tener libre acceso a la Unidad de Neonatología, sin restricciones ni horarios estrictos de visita. En nuestro Sanatorio, las salas se encuentran abiertas las 24 Hs. del día a fin de que mamá y papá puedan ingresar cuando así lo deseen.
Este momento de encuentro favorece el contacto piel a piel, la contención emocional del bebé y la estimulación necesaria para su desarrollo psicomotor.

Asimismo, es muy importante el rol que cumplen los abuelos, aportando su experiencia y contención a los padres y siendo un gran soporte para mantener estructurada la familia. Del mismo modo, los hermanitos deben estar integrados al cuidado del recién nacido, ya que ellos también se ven afectados por las consecuencias de una internación, en general prolongada, y las ausencias y preocupaciones de sus padres. Las visitas programadas y la información facilitada ayudan a atravesar este momento.

El progreso de estos pequeños luchadores depende, en gran medida, del rol desempeñado por su entorno familiar.


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