La obesidad infantil es una patología que afecta a niños y adolescentes. Los niños que padecen esta enfermedad tienen un peso por encima del normal para su edad y estatura.

Frases como “dejá que coma, está creciendo” o “ya va a pegar el estirón”, “terminá el plato si querés comer helado de postre” han guiado a las familias a sobrealimentar a los niños, sin tener en cuenta las repercusiones negativas que pueden llegar a tener en la vida adulta del infante. Identificar si el niño presenta sobrepeso u obesidad permite definir el tratamiento y establecer un abanico de acciones que ayuden a erradicar esta enfermedad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a esta patología como una acumulación anormal o excesiva de grasa corporal que puede ser perjudicial para la salud, lo que implica un incremento en el riesgo presente y futuro de presentar enfermedades asociadas, así como de la mortalidad.
obesidad infantil
El índice de masa corporal (IMC), es uno de los parámetros utilizados a nivel mundial, que permite identificar el nivel de masa grasa de un individuo, a partir de su peso y talla (altura). Sin embargo, y a diferencia del adulto que mantiene valores más estables, en los niños y adolescentes varían según la edad y el sexo.
En el momento en que el niño cumple los 2 años, este indicador debe ser calculado en cada visita al médico, ya que sirve como referencia para clasificar el nivel de riesgo de padecer sobrepeso u obesidad, conforme a los patrones de crecimiento establecidos por la OMS.
Según datos publicados en 2015 por el Programa Nacional de Salud Escolar, cuatro de cada diez niños y adolescentes en Argentina presentan sobrepeso u obesidad. Estimando que el 21,4% de esta población tiene sobrepeso y el 15,3% obesidad. En lo que refiere a la provincia de Córdoba, tres de cada diez niños, de entre 5 y 9 años, se considera que tiene sobrepeso u obesidad.
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Obesidad infantil en el hogar

El sobrepeso y la obesidad son en gran medida prevenibles. Lo más complejo de esta patología radica en el proceso de motivar a las familias a cambiar las conductas y los hábitos, en una cultura y un ambiente actual (definido como obesogénico) que promueven menor actividad física y mayor ingesta energética.
La información genética de cada individuo (heredabilidad familiar) también influye a que, si los padres son obesos, los hijos pueden padecer esta misma enfermedad.
En el seno familiar, los niños aprenden hábitos y conductas que reaplican a lo largo de su vida. Involucrar a la familia y definir modelos parentales de cantidad y calidad para una alimentación saludable es importante, ya que ayuda a prevenir el sobrepeso y la obesidad infantil, que trae aparejado consecuencias negativas a nivel físico y psicológico.
La obesidad infantil es el principal factor de riesgo para que el niño en su vida adulta, desarrolle esta patología sumado a la aparición de otras enfermedades tales como la hipertensión arterial (HTA), enfermedades cardiovasculares (ECV), síndrome metabólico (SM) y diabetes mellitus 2 (DM2), entre otras afecciones fisiológicas que disminuyen la calidad de vida del individuo.
Las complicaciones cardiometabólicas no son las únicas consecuencias que se derivan de la obesidad infantil. El niño también puede sufrir problemas psicosociales, como la discriminación por parte de sus pares, afectando su autoestima, el rendimiento escolar y el sedentarismo en el que se sumergen por no querer interactuar con niños de su edad. Por ello, es importante estar atentos y actuar frente al malestar psicológico que pueden llegar a sufrir.
¿Cómo ayudo a mi hijo a mantener un peso saludable?
Las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA) y la Academia Americana de Pediatría exponen una serie de recomendaciones para favorecer el conocimiento sobre esta enfermedad y contribuir a generar comportamientos alimenticios y nutricionales equilibrados. Entre los mensajes para una alimentación saludable se mencionan:
  • Incorporar, diariamente, todos los grupos de alimentos (leche, yogur, queso, carnes, pescados, huevo, legumbres, papa, batata, choclo o mandioca, frutas secas o semillas, etc.)
  • Realizar diariamente, al menos, 60 minutos de actividad física.
  • Tomar agua todos los días.
  • Consumir 5 porciones de frutas y verduras a diario.
  • Reducir el uso de sal y el consumo de alimentos con alto contenido de sodio, de grasas y azúcar.
  • Evitar que los niños menores de 2 años miren la televisión y que el consumo en niños mayores de 2 años sea limitado a dos horas diarias.

La obesidad infantil es una epidemia en aumento que genera gran preocupación en la sociedad a nivel mundial. Cada año se evidencia que la prevalencia de este incremento se produce en los niños en edad escolar. Si un niño padece obesidad es importante mejorar su alimentación y promover un estilo de vida más activo para un crecimiento óptimo. Por ello, es fundamental que los padres tomen conciencia de esta enfermedad, para actuar y prevenirla a tiempo, junto con el apoyo de un equipo de profesionales que, fomentando hábitos saludables, los ayuden a combatirla.


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