El prolapso de órganos pelvianos puede afectar a mujeres de cualquier edad y se trata de la debilidad de los músculos del suelo pélvico. Desde Sanatorio Allende te contamos todo sobre esta afección.

Una de las complicaciones que afectan a las mujeres a lo largo de la vida es el prolapso de los órganos de la pelvis e incontinencia de orina o fecal. Pero bien, ¿qué significa tener prolapso? Se trata de la debilidad y el descenso de las paredes de la vagina y de los órganos de la pelvis (vejiga, recto y útero). Uno de sus síntomas cardinales es el escape de la orina seguido de sensación de “bulto en vagina”. El escape de orina, denominado incontinencia urinaria, puede ocurrir con o sin prolapso. Si bien la incontinencia urinaria es más habitual en mujeres, puede afectar también a los hombres, por estar asociada al agrandamiento beningno de la próstata, a la hiperactividad vesical (aumento de la frecuencia urinaria diurna y nocturna) o a la remoción completa de la próstata.
El parto vaginal, antecedentes de haber usado fórceps, menopausia, herencia familiar, hábitos cotidianos, entre otros factores, son considerados como los causantes de la debilidad del suelo pélvico. Dependiendo de la zona a la que afecta, al prolapso se lo puede diferenciar en: prolapso de vejiga (cistocele), prolapso del recto (rectocele), prolapso del intestino delgado (enterocele) o prolapso uterino parcial o completo (sucede cuando se prolapsa el útero).
Al igual que el prolapso y según las características de la fuga de orina, la incontinencia urinaria, se la puede clasificar en: incontinencia de esfuerzo (ocurre al hacer esfuerzos físicos como toser, estornudar, reírse, levantar peso o hacer ejercicio), incontinencia de urgencia (escape de orina previo a un deseo inminente de orinar, o no, sin tener tiempo de llegar al baño) y la incontinencia por rebosamiento (obstrucción en la uretra que impide el normal vaciamiento de la vejiga).
La pérdida de orina tiene diferentes consecuencias entre las que se destaca la calidad de vida de la mujer, ya que se ve afectada por miedo a perder orina o al dolor que les provoca el prolapso repercutiendo en su actividad social. También puede modificar hábitos en la pareja, ya que es posible que durante el acto sexual la mujer experimente escapes de orina.
Los síntomas más frecuentes van desde una pérdida leve de orina hasta la salida incontrolable de la misma, y pueden estar o no asociados al dolor pelviano.
Como en la mayoría de las patologías, existen diferentes factores de riesgo que predisponen a la incontinencia urinaria, como la edad, estreñimiento, obesidad, tabaquismo, partos vaginales y cesáreas. La presencia de alguno de ellos provoca el estiramiento de los ligamentos quedando “flojos”, lo que se traduce en debilitamiento de los músculos del piso pelviano y a su incapacidad de cumplir su función correctamente. Este punto es lo que provoca el padecimiento de prolapso en un futuro no tan lejano asociado o no a incontinencia urinaria. El dolor pélvico aparece cuando los ligamentos, los cuales contienen nervios, que soportan el útero están distendidos más de lo normal.
El diagnóstico del prolapso se realiza durante el examen ginecológico en consultorio y, en determinados casos, se solicitan estudios complementarios como la Urodinámia que permite determinar el tipo de incontinencia urinaria en el caso de estar presente. Asimismo, cuándo y cómo tratar esta complicación dependerá del impacto en la calidad de vida de la paciente. Es por esta razón, que las opciones terapéuticas van desde ejercicios hasta la intervención quirúrgica. Es decir, si se trata de una incontinencia urinaria de esfuerzo, leve a moderada, es posible revertirla con la estimulación del piso pelviano a través de los ejercicios de Kegel (contracción voluntaria de los músculos pelvianos).
Sin embargo, cuando se trata de la asociación o no de prolapso más incontinencia urinaria es posible pensar en pesarios (dispositivo vaginal) que se colocan vía vaginal en pacientes en las cuales pueden estar contraindicada la cirugía. La corrección del prolapso es quirúrgica y en el mismo procedimiento se realiza, si es necesario, la cirugía anti-incontinencia.
La elección de una u otra alternativa será una decisión que tomará el equipo médico consensuado con la paciente, ofreciéndole la mejor opción según el caso que se presente. Nuestro Sanatorio pone a disposición de sus pacientes un servicio de calidad para el diagnóstico y tratamiento de esta patología. Servicio de Giencología y Obstetricia de Sanatorio Allende.

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