La fatiga crónica es una condición muy frecuente entre la población y puede manifestarse de diferentes maneras. Por ello, es importante estar atento a su aparición para consultar con un profesional, que indicará los pasos a seguir para cuidar su salud.


La fatiga es uno de los motivos de consulta más frecuentes en el consultorio. Refiere a una sensación inespecífica de falta de energía o sensación de llegar al agotamiento luego de un esfuerzo físico relativamente pequeño.

Esta condición se la debe diferenciar de otras como:

  • debilidad neurológica orgánica y de procesos de enfermedades psiquiátricas recurrentes o crónicas y/o convalecencia de enfermedades (infecciones, cánceres o post quirúrgicas).
  • pérdida de peso y alteración del estado nutricional.
  • trastornos endocrinológicos.

 

Es frecuente que pacientes adultos mayores se presenten con fatiga crónica y pérdida de fuerzas. También pueden manifestar pérdida de la masa muscular (sarcopénia), enfermedades cardíacas, osteomusculares y neurológicas propias de la edad.

Las manifestaciones clínicas de la fatiga crónica son numerosas. Por esta razón, es indispensable realizar una consulta médica. El profesional indicará una anamnesis, revisión por sistemas y examen físico minucioso para reducir el campo de causas probables. Se debe enfocar el tiempo de inicio de la fatiga y su progresión en días, semanas y/o meses.

Asimismo, es necesario interrogar sobre la actividad diaria del paciente como:

  • ejercicios físicos.
  • hábitos alimenticios y apetito.
  • prácticas sexuales.
  • hábitos del sueño.
  • manifestaciones de síntomas psiquiátricos o psicológicos (depresión y/o demencias).

 

fatiga crónica

Es importante el uso y control estricto de medicamentos que habitualmente toman los pacientes. Sobre todo, las interacciones medicamentosas y su metabolismo deben valorarse con cuidado. Otro punto a tener en cuenta son las infecciones, especialmente por virus. Últimamente, se nota que aquellos pacientes que tienen o han padecido infección por SARS – COV -2 (COVID 19), siguen manifestando –en algunos casos hasta varios meses después- signos de fatiga crónica.

Los síntomas más comunes del Covid-19 son dolor muscular, fatiga, fiebre, entre otros. Con los días transcurridos, el virus desaparece del organismo y la persona recupera progresivamente su condición física previa a la infección. Esta es la evolución más frecuente. Sin embargo, algunas personas manifiestan como sintomatología persistente una intensa fatiga. Otras infecciones, como la del virus de la Mononucleosis (Epstein Barr) o la de la influenza virus H1N1, Citomegalovirus (por citar algunas) también han demostrado su capacidad para generar sintomatología persistente.

En todos los casos la fatiga suele ser el síntoma más resistente a la remisión, lo que ha motivado la etiqueta diagnostica genérica de fatiga post viral.

 

fatiga crónica

Las personas que padecen fatiga crónica refieren a un cansancio generalizado, necesidad de reposo y dificultad para mantenerse en pie durante períodos prolongados. En algunos casos, la intensidad del síntoma alcanza una magnitud tal que impide el desarrollo de las actividades diarias.

Aún hay escasa información sobre su causa. Las primeras hipótesis indagan en la respuestas inflamatorias e inmunológicas que surgen naturalmente durante los procesos infecciosos. La capacidad del virus de atravesar la barrera hematoencefálica y ciertos factores genéticos mediadores, también podrían explicar la aparición de síntomas neurológicos de larga duración como la fatiga.

Según investigaciones, los problemas psicológicos secundarios (ansiedad, depresión etc.) son factores que pueden contribuir a exacerbar la experiencia subjetiva de fatiga.

El tratamiento de la fatiga crónica suele ser en muchos casos refractarios a los medicamentos y pretende actuar mejorando los sistemas que confluyen en los procesos inmunológicos, como:

  • mejorar y evitar los cuadros tóxicos alimentarios.
  • utilizar en la alimentación los nutrientes y vitamínicos necesarios.
  • horarios de descanso adecuados y relajantes.
  • evitar el insomnio y estrés.
  • hacer actividad física al aire libre moderada, vacacionar, distracción.
  • evitar el exceso de trabajo.
  • mantener el equilibrio emocional y físico.

 

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